lunes, 17 de mayo de 2010

Alfred Hitchcock presenta

Hitchcock me encanta. No sólo físicamente, que conste. Si lo tuviera delante no sabría qué pedirle primero, si que se bajara los pantalones o que me encerrara en una cabina mientras decenas de pajaros se empotran contra los cristales.

Después de todo a Tippi Hedren no le fue tan mal, todos la recordaremos como la ladrona o la pava molida a picotazos en una cabina de teléfono, que bueno, visto así tampoco es que sea mucho la verdad, pero considerablemente mejor que su hija, a la que imaginaremos siempre con una botella en una mano y un trozo de la capa de su zorro en la otra.

Como decía, Hitchcock siempre me ha entusiasmado. Sus películas de misterio me mantenían en vilo hasta que al final se resolvía todo y el protagonista por fin podía descansar un rato. Esta intriga te mataba, y al parecer a muchos en internet, les gusta mantenerte en vilo con sus preguntas y respuestas plenas de incertidumbre y maldad.
Como si dirigieran su propia película de suspense, te marcan el camino para después, ¡oh sorpresa! te dan un giro radical a la historia y te descolocan. ¡Genios del suspense! Hitchcock, por fin puedes estar tranquilo, tus sucesores, de pleno derecho, quieren tomar posesión del trono que dejaste huérfano años ha.
En concreto, y limitándome sólo al ámbito de los perfiles que la gente tiene y utiliza para hablar con su audiencia, a estos futuros reyes del suspense los clasifico en tres tipos: los "cuentapenas", los "tehevistojijijiynuncasabrásdónde" y los "monosílabos".


Vayamos por partes, como diría Jack el destripador.

El cuentapenas al fin y al cabo sólo quiere que le escuches, te calles y te apiades de él. No buscan más. De hecho si te pones a consolarles contándole alguna tontería para animarles, llegan a molestarse. El mundo se les ha venido encima por un revés de la vida, pero ojo, no te lo contarán todo. Dejarán algo para la segunda parte de la peli, que hay que rentabilizar las emociones:

Cuentapenas: Tío ¡qué putada!
Yo: ¿Qué te pasa cuentapenas?
Cuentapenas: ¡Ni te lo imaginas, mejor no hablar, de verdad!
Yo: No hombre, cuéntame cuentapenas, que así te desahogas.
Cuentapenas: ¿Para qué? Si tampoco es tan importante, en serio, sólo estoy llorando, se me pasará...
Yo: Joder tío "me estás empezando a preocupar, en serio" (...)
Cuentapenas: ¡La vida es una mierda tío, pero ya te contaré, ahora no hay tiempo! ¡Me quito la vida!
Yo: No, si te lo digo porque como llevamos media hora chateando...
Cuentapenas: Emmm si, si, es verdad ¡OH! ¡oh! Oye tengo que irme, pero... ¡hablamos!

Y te quedan con la incógnita los jodíos, que no duermes esa noche, fijo.


Bueno, éstos después de todo no tienen malicia. Digo yo. Los "tehevistojijijiynuncasabrásdónde" ya son un poco más puñeteros. Tiran la piedra y esconden la mano. Algunos tiran la piedra tan fuerte que la tiran con mano y todo, lo que les jode un huevo porque no pueden seguir escribiéndote sus pequeños secretos y descubrimientos para que resuelvas el misterio. Son algo tal que así:

Tehevistojijijiynuncasabrásdónde: Oye, tu novio y tú, ¿guay no?
Yo: pues si, ¿por qué lo preguntas?
Tehevistojijijiynuncasabrásdónde: No por nada, cosas que me cuenta la gente...
Yo: ¿Ah sí, y qué cosas cuentan?
Tehevistojijijiynuncasabrásdónde: Ey tío no te pases, que un beso con lengua tampoco es tan grave...
Yo: ¿Un beso, de mi novio, a quién?
Tehevistojijijiynuncasabrásdónde: No sé, yo no he visto nada, pero al parecer no veas cómo folla...
Yo: ¿Cómo folla quién, mi novio?
Tehevistojijijiynuncasabrásdónde: Jijijii a ver tío, con el perfil de puta que tiene, qué esperas...
Yo: Pero... si mi novio no tiene perfil...
Tehevistojijijiynuncasabrásdónde:: ¡Uuuh, qué chungo tronco! ¡Se siente!

Y se van tan contentos, con el trabajo bien hecho, ya sabes, con esa sonrisilla en la cara de "he hecho el mal jijiji". Hay que reconocerles que se lo curran, han visto muchas series y les falta un poco de vida social, pero son buena gente.


Y por último, mis queridos "monosílabos". En ellos radica la esencia del misterio, la tensión y la angustia. Ni siquiera les hace falta hablar. Las onomatopeyas son el centro de su discurso. Son maestros, genios. Esconden sus cartas con destreza y te quedan en un sinvivir:

Monosílabo: Hola.
Yo: ¿Qué te pasa? te noto poco hablador hoy.
Monosílabo: Ya ves.
Yo: El día ha debido ser duro.
Monosílabo: No creas.
Yo: Entonces no has dormido bien.
Monosílabo: Ajá.
Yo: Igual te peleaste con tu novio porque roncaba.
Monosílabo: Puede ser.
Yo: Tranquilo, las pelas de novios se pasan volando.
Monosílabo: Pse.
Yo: Entonces ha sido eso.
Monosílabo: No.
Yo: Oye, paso de tí.
Monosílabo: ¡Asco de vida, nadie me entiende!

Con éstos al final te quedas como estabas, pero más intrigado claro. ¿Qué le haría más daño? ¿Un palo por el culo o clavarle una ortiga en el ojo? Y ahí te quedas, dándole vueltas al asunto todo el día...

Y es que ser el sucesor de Alfredo es muy difícil. No basta con ser ambiguo, ni con esconder o aplazar las respuestas. Hay que ser gordo, tener muy mala leche y acosar a todas las actrices rubias hasta que se acuesten contigo. Por suerte, al menos dos de esas condiciones no las cumplen los ositos, así que Sr. Hitchcock, su trono está a salvo por estos lares. Y por mucho tiempo :-)









No hay comentarios:

Publicar un comentario