viernes, 4 de mayo de 2012

Bears games

Puede que no lo parezca, pero aquél oso que véis bailando encerrado en una jaula a dos metros del suelo de la discoteca, con un suspensorio por único atuendo e introduciéndose un consolador de 23cms por el culo, también tuvo una infancia en la que jugaba a meterle mano a Adolfito, su compañero de lindos ojos azules y rubia melena (corte principito de cuento) en la clase de 4º de E.G.B.

En el recreo aprovechaba que era más fuerte que el futuro protagonista de "Adolfo, rey de los bellamis (chupa y mama, que derrama)" y le bajaba los pantalones cuando jugaban al "burro", lo que le provocaba un empalme monumental y un deseo irrefrenable de empotrarle contra la pared. Evidentemente no podía saciar su deseo, primero porque eran simples niños, y segundo porque a mitad de curso llegó Paquito, un nuevo alumno que parecía el doble de Piraña en "Verano azul" y descubrió que donde había carne, había alegría.

Pero lo cierto es que los osos que hoy rondan la treintena, o la superan, no tenían tiempo de pensar en el sexo porque era algo prohibido. "Si te tocas ahí te quedarás ciego" decían los curas. Lo que no decían es que ellos se ponían ciegos tocándolos, pero ese es otro tema. El caso es que en su tiempo de ocio, los futuros dominadores del rollo bear jugaban a cosas... De niños, ¡claro!

Por ejemplo: los monta-man. Eran unos muñecos cabezones que se montaban por piezas y estaban articulados. Por 25 pesetas no se podía pedir más. Solían tener el cuerpo coloreado en verde aceituna o rojo, y cuando se les perdía un brazo o una pierna le ponías el de otro, y parecían vestidos por Agatha Ruíz de la Prada. La cabeza se insertaba en el cuerpo por presión y tenían un modélico peinado muy de la época, con la raya a un lado y una eterna sonrisa como de estar siempre colocados. Daba mal karma. Y eran versátiles, igual te conducían un tanque o una nave espacial, que pilotaban un coche de carreras. Una cosa que nunca entendí era por qué todo un coronel del ejército tenía que usar rueditas para montar en bici. Si de todas formas tampoco pedaleaba.
No había monta-woman, pero total, ¿quién estaba interesado en jugar a hacerle la comida a tu maridito cuando podías hacer que el maridito y el astronauta tuvieran un affair en tu propia cama?

Pero los hombres del mañana no vivíamos solamente de monta-man, teníamos también el Telesketch, que era básicamente una pizarra donde podías hacer dibujos y agitando el cacharro se borraba todo y empezabas de nuevo. No, los dibujos no se podían enviar por correo.
El caso es que hacer cualquier cosa con este instrumento era dificilillo, tenías que tener bastante cordinación con los mandos y con el tiempo surgió una versión más cutre que utilizaba un lápiz y borrabas desplazando una barra de un lado a otro. Tenías que hacerlo varias veces porque no lo hacía bien, y tu padre siempre te pillaba con los restos de la polla que acababas de pintar. Como por esa época casi ningún niño de tu edad tenía vello púbico, y mucho menos en los testis, tu falo virtual podía pasar por un cohete espacial. Los más mayores que lo dibujaban con más detalle y pelambrera se excusaban diciendo que el cohete había aterrizado en medio de un bosque. Niños...


Luego estaban los divertidísimos Juegos Reunidos Geyper. Entre los juegos que reunía estaban "la oca", "el parchís" y "el bingo", todos ellos ejemplos de emoción y desenfreno sin fin. Yo creo que venían tantos juegos porque del muermazo que te entraba, de inmediato cambiabas a otro, y así sucesivamente, hasta que el spectrum vino en nuestra ayuda y nos alivió de seguir pasando esas tardes de sábado en familia viendo a tus padres reirse a carcajadas porque a su hijo pequeño le habían comido y se marchaba a casa. Cuando años más tarde el director del instituto le mandaba a casa porque le habían pillado comiendo en un servicio no les hacía tanta gracia.
Y es que el spectrum marcó un antes y un después en la vida de los niños. Con la excusa de que lo necesitabas para hacer los deberes del cole, y escudándote en que harías un curso de una semana de MS DOS que te abriría el camino para dominar el arte de la programación, los fines de semana monopolizabas la tele familiar para jugar. Cuando te preguntaban por los deberes que habías hecho con el ordenador, le plantabas un

10 print "2+2=4"
20 goto 10


y se quedaban tan panchos al ver la pantalla llena de operaciones matemáticas infinitas.
Los juegos venían en cintas de casette, tardaban en cargarse una media de 15 minutos y muchas veces te quedabas en la pantalla de carga. Eso si tenías suerte de que la cinta estuviera en condiciones. Si no, te comprabas la microhobby y pasabas el rato con las demos que traían, que eran basura en su mayoría. Por esa época Perico Delgado, Emilio Butragueño o Míchel inauguraron los patrocinios de deportistas para juegos de ordenador. Vendían como churros, pero qué malos eran...


Y como no podía ser de otra manera, los niños ricos pasaron de jugar con casettes a introducir cartuchos en una consola. La NES fue una revolución, metías el juego... Y jugabas. Sin esperar. Así jugamos al Mario Bros o al Gauntlet a razón de diez mil pesetas por cabeza. La explosión de colores que ofrecían suponía un orgasmo jueguil que ya no abandonaríamos hasta que tocaba irse a Melilla a hacer la mili y descubríamos que fumar porros y tirarse al compañero de litera era más divertido. Considerablemente.




Pero hasta ese momento en que la patria te llamaba a filas para cumplir con tus obligaciones y hacerte un hombre de provecho, los niños más pobres no podían permitirse lujos asiáticos. Había que tirar de quioscos donde comprabas por 25 pesetas las famosas manos locas. Básicamente eran gomas en cuyo extremo había una zona pegajosa en forma de mano que servía para dar por saco a diestro y siniestro. sobre todo a las niñas de la clase, que veían horrorizadas cómo adherías la mano a su cabellera y le arrancabas un par de pelos que luego enseñabas por toda la clase como si fuera un trofeo. La susodicha luego solía arañarte la cara y en casa tenías que decir que te habías caído para que no te llamaran marica por haber sido abofeteado por una chica.
La mano tenía múltiples usos: coger apuntes del compañero de al lado, pegar manotazos en la cara, y la favorita, que era pegarlas en el techo. Si tenías la mala suerte de que el profesor entraba y la tuya se quedaba ahí arriba, hasta que no bajara no podías cogerla, pero cuando lo hacía tus compañeros que eran muy buena gente la pisoteaban, estiraban y rompían hasta destrozarla. En esa época eramos inocentes, pero un tanto salvajes.

Y aún así nos divertíamos haciendo trenzas con hilos de plástico. Éstas más que nada eran cosa de niñas, pero si la vena gay corría ya fuerte por tus venas, después de clase te gastabas los cuartos y te hacías unas cuantas pulseras en casa. Luego soltabas que una novia (porque todos teníamos muchas novias) te la había hecho y todos tan contentos. Ibas con tu pulsera, tu uniforme, tu cara de rompecorazones... y una pinta de marica que no se aguantaba, pero qué más daba, si eramos niños.

Vamos, que con los años no solo necesitamos más dinero para entretenernos, sino que encima hay que ser lo más extravagante posible. Si total, tampoco hemos cambiado tanto, si en vez de una fusta para atizar culos usas una manoloca las risas están aseguradas. Y te ahorras una pasta. ¿Que no tenéis vaselina y no se puede follar? Pues unas partiditas al Emilio Butragueño y listo. ¿Y que en el cuarto oscuro no te entra ni el Quico? Pues te coges los juegos reunidos, te echas un parchís con un oso por skype y le dices que te haga lo que quiera, porque de todas formas mañana irás al trabajo sin haberte comido ninguna pero contando veinticinco.

4 comentarios:

  1. Hombre, yo no rozo la treintena, pero cuando era pequeño (aun mas), aun exisitan las manos-locas, que odiaba con todo mi ser por que eran usadas por los abusones...

    De pequeños los abusones usaban las manos-locas y de mayores fustas... las cosas no cambian mucho...

    ResponderEliminar
  2. Los abusones como siempre usando la fuerza antes que la cabeza. Y encima ni siquiera estaban buenos :-P

    ResponderEliminar
  3. Oh, me ha encantado! Excepto los monta-man, que por aquí no se estilaban... o es que rondamos la treintena por extremos opuestos ;) Yo era muy de clicks y, luego, en plena explosión sexual adolescente, de GI Joes.... ay...

    ResponderEliminar
  4. Bueno yo es que era pobre, y mi paga semanal no me daba para clics XD con los monta mal luego me sobraba para chucherías, mis caries me lo agradecían :-P

    ResponderEliminar