jueves, 5 de julio de 2012

Bears for refreshing yourself on summer

Por estas fechas siempre pasa lo mismo. Hace ya un calor agobiante y todos desearíamos hibernar hasta diciembre si no fuera porque gracias a las altas temperaturas que sufrimos, los machos más bellos pasean medio desnudos por la calle elevando nuestra líbido hasta niveles insospechados.
Y qué mejor remedio para sofocar su calor, que un poco de agua. Ya sé que más de uno querría aliviar su sufrimiento untándolos con aceite, pero el propósito final, recordemóslo, es ponernos cachondos y/o tirarnos al susodicho, y no convertir un precioso osito en una tostadora humana.
Youtube me ayudará a ilustrar mis palabras.
Supongamos que en mi pueblo no hay más diversión que un cacho de río de aguas cuasi residuales, y que me compro una moto acuática para navegar y surcar las olas mientras la plebe lo flipa con mis piruetas. Supongamos que invito a mi primo, que fue al mismo colegio que yo, a que deje que la velocidad y el riesgo inunde su vida a lomos de mi flamante máquina. Supongamos también que ambos somos gordos y pretendemos vivir la vida al límite, y lo hacemos todo juntitos: intentar ir en moto fumando un cigarrillo (porque así parecemos más duros, más tipo Marlon Brando aunque luego se nos moje y lo tengamos que tirar al agua que total qué más da si son aguas fecales), llevar bañadores horteras aunque marca paquetes, e intentar subirnos a una moto cuando el agua nos cubre por el cuello.
Pues dejad de suponerlo y espantáos con este video. Pero luego bajároslo, porque el gordito del speedo verde está bastante bueno.

Y como no podía ser de otra forma, siempre hay una cámara dispuesta a inmortalizar los aspectos más cotidianos de la vida de un ser humano: hacer cacotas en la bañera, masturbarte y correrte sobre unos calcetines sucios, meterte un botellín de cerveza por el culete... Como digo, cotidianeidad y costumbrimos estivales que los estudiosos del futuro utilizarán para examinar los secretos de nuestra especie. Sin embargo muchas veces lo menos usual es lo que destaca. Una ducha en una playa, por ejemplo. Un hombre fornido y maduro (pie y medio en la tumba) se acerca a ella con paso firme. Bueno, en realidad ya es demasiado que anda y puede desplazarse con el implante de cadera que le hicieron en el 2007. Abre el grifo y ¡oh! las gotas de agua empiezan a deslizarse por su anatomía, llegan a su cintura y hacen que su bañador se fije a su cuerpo como un oso se aferra a las rebajas del último día de quedada para follar. De repente el bañista se agacha y... ¡Ah! ¡al incorporarse, el bañador se ha quedado inmerso en un callejón sin salida (su culo, por si no lo habéis pillado)! Nos quedamos anonadados y el resto es historia. Una reverencia para este señor que nos ha hecho evadirnos de la realidad, y un aplauso para su peluquero.

Un ejemplo más de que el verano, el agua y los gordos barbudos son perfectos para refrescar las altas temperaturas y de paso echarnos unas risas, es el siguiente video. Bien es cierto que según la parte del planeta en que nos encontremos, el sentido del humor cambia radicalmente. En Japón al parecer hace mucha gracia el típico programa de cámara oculta. En Francia mola bastante la combinación dopaje + deporte español. Y en los países del este un oso en gayumbos de mercadillo y con calcetines, saliendo a la calle para que los coches pasen por encima de un charco y le salpiquen, consiguiendo de esta manera bañarse a trocitos, al parecer es la repanocha del humor. Obviaré la evidente referencia a La ley del deseo de Almodóvar. En fin, que lo que nos importa es que vemos carne. Y al que además le haga gracia, pues oye, a reirse, que para penas ya está el garrafón de los bares de osos.

Para terminar, algo que es super refrescante: una chimenea. Pero si os digo que al lado hay un gordazo tumbado boca abajo y en bolas la cosa cambia. No solo la postal se convierte en refrigerante, si no que nos olvidamos de que existen unos troncos ardiendo al fondo, una bufanda alrededor del cuello del osito y mercromina en su cara. Da igual lo que diga y cómo lo diga. No importa por qué tiene un vaso de agua delante suyo y un dedo metido en él mientras le da vueltas. Lo único que deseamos en estos momentos es quitarnos la poca ropa que llevamos y ponernos encima a pegarle empellones hasta que los osos dejen de llevar botas militares en agosto.
El toque final y grandioso a estos poco más de cuatro minutos de sensualidad los pone la banda sonora elegida para ponernos a tono. George Michael siempre es una buena elección, sobre todo si aún añoras las chaquetas con hombreras y los calienta piernas por encima del vaquero. Y encima está en HD. Bon apetit.

Si es que el verano, el agua y una chimenea son el mejor complemento de los osos.

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