miércoles, 12 de agosto de 2015

Low-cost bear holiday


Soy pobre. Tan pobre que hasta las palomas que anidan en mi balcón me traen todos los días un par de lombrices para desayunar. Me gustaría irme de vacaciones como toda la gente de bien. Hacinarme en las playas para pobres y fingir que me lo paso genial entre otros pobres como yo que entierran sus cigarros en la arena y llevan bañadores de los chinos. Mi economía, literalmente, no me lo permite. ¿Pero creéis que eso me va a hacer quedarme en casa como un pária social? Ni de coña tíos, soy un homeless, pero tan arrastrado como los demás a la hora de disimular mi status social.


Así que he decidido pillarme un hotel en la costa. Baño compartido con los mendigos de la calle, y desayuno-buffet libre. Libre hasta fin de existencias del paquete de galletas maría y el brick de leche para las 32 habitaciones. Puede parecer miseria, pero yo prefiero denominarlo "gestión de recursos en el marco de la miopía del consumidor."


Para la comida tampoco hace falta ser un lumbreras. Todos los grandes supermercados y restaurantes tiran todas las noches kilos y kilos de alimentos en perfecto estado de putrefacción que están deseando ser ingeridos libremente por la gente con menos medios. No hay por qué ser tan tiquismiquis. Un buen protector gástrico y pasaremos unos días de asueto sin tener que rascarnos el bolsillo en el tema del buen comer. Y si algo pasa mal, en el hospital no vas a pagar por la cama ni la comida, y encima seguro que un gordito buenorro nos limpia el culo y los genitales.


Respecto al tema de la playa, nada más fácil que situarnos detrás de los pudientes que alquilan hamaca y sombrilla y aprovecharnos de la sombra que ellos desechan. Cada diez minutos aconsejamos desplazarnos sutilmente con la sombra para evitar quemaduras innecesarias, ya que esperar a que nos llegue la sombra de la hamaca vecina es patético y vulgar. Soy pobre, pero tampoco quiero parecer un vagabundo.
Si no tenemos crema, nada más fácil que tirar de oficio y simpatía. Hay que ser observadores y tratar de cazar a una víctima propiciatoria. Es decir, cualquier musculoca que se esté embadurnando en aceite por cuarta vez en la última hora. Solo tenemos que pedirle fuego (desenterrar una colilla de la arena primero si no somos fumadores) y tratar de que no se le acerque mucho el mechero al cuerpo no vaya a salir ardiendo. A continuación para mostrarle nuestro agradecimiento sublime le damos un espontáneo abrazo y tratamos de restregarnos lo máximo posible para tratar de adherir la mayor cantidad de aceite a nuestro cuerpo. ¡Et voilà! Ya podemos tostarnos al sol con la seguridad de que no nos quemaremos.


Por último, y no menos complicado, nos encontramos el problema de las fiestas nocturnas. Aquí solo hay dos posibles soluciones. O bien, ir pillando los culos de las cervezas que la gente va dejando encima de las mesas, o hacernos chaperos. Aunque una cosa os digo, poner el culo para emborracharse es muy triste. Mejor emborráchate y luego poner el culo.
Bueno hay una tercera opción, que es no salir de fiesta y ponerte detrás de los escaparates de electrodomésticos a ver la tele.

Ya estáis viendo amiguitos que tener unas vacaciones dignas no es nada complicado. Un poco de imaginación por aquí, cortarnos de ciertos lujos por allá (comida, putas, higiene) y habremos ahorrado un montón de dinero que nos vendrá genial para comer un par de días más. ¡No nos lo agradezcáis, mandadnos dinero!



2 comentarios:

  1. Ay, mira el pobre gordito que estafaste con la dirección de mi casa, se perdió con su mochila y ha tenido que acabar trabajando en una ferretería y sin ropa que ponerse, si ya dije yo que lo quería adoptar

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  2. Yo ya no como de la basura que luego me dan gases y si ligo es una vergüenza que no veas

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